Wednesday, May 10, 2017

Guatemala

Llevo casi un mes sin escribir por aquí y se viene haciendo habitual que comience con una disculpa, pero bueno, no creo que deba disculparme tampoco. Este blog pretende ser una especie de crónica de lo que me sucede en el viaje, pero hay veces que la inspiración simplemente no viene y escribir es como buscar oro en una mina abandonada, acabas cansado y con un carro lleno de piedras sin mucho valor, así que en esos momentos suelo escribir en una libreta donde escribo sobre la falta de inspiración con curioso resultado.

A pesar de todo creo que el lugar donde me encuentro ahora merece un post y lo tendrá, pero antes voy a contar de forma esquemática lo sucedido desde Belice hasta aquí.

Después de Key Caulker fui a San Ignacio, donde visité otras ruinas mayas, pero decidí no ir a las cuevas por costar 80$ y continué hacia Guatemala al día siguiente con Sara, la italiana que nos acompañaba. Ribe decidió quedarse y encontrarnos al día siguiente en Flores, donde tomaríamos un tour para ver Tikal, otras ruinas mayas bastante espectaculares. En ellas vimos monos araña y aulladores. Después de ver un total de cuatro monumentos de este tipo puedo decir que no consigo sentirme conmovido por ellos. Simplemente me dejan frío y no producen en mí un efecto más allá de una pequeña sopresa por haber perdurado por los siglos. Siempre suelo fijarme más en la naturaleza que las rodea o en el comportamiento de los turistas que las visitan, pero nunca me siento sobrepasado por lo monumental, y podría extenderlo a que nada de lo monumental que ha creado el ser humano me dice demasiado, véase catedrales, pirámides, palacios... soy totalmente insensible a estas construcciones y no creo que esto cambie en un futuro próximo.

Pusimos rumbo a Semuc Chempey, un lugar con unas piscinas naturales muy bonitas pero infectadas de turistas. Nuestra visita coincidió con un puente y había mucha gente. Para volver alquilamos unos flotadores y volvimos haciendo "tubing" río abajo. Al día siguiente decidimos hacer un tour en unas cuevas con agua con la única iluminación de unas velas y las indicaciones del guía menos motivado de la historia. Sara nos esperaba en una pequeña playa junto al río donde nos juntamos con un francés y dos inglesas. Se nos unieron dos niñas y dos niños que jugaban en el río y a los que parecía divertirles mucho hablar con los turistas. Nos enseñaron algo de su lengua Maya Quechí.

Luego fuimos a Antigua donde nos reunimos con Zep que estaba trabajando de voluntaria en un hostel donde decidimos quedarnos para pasar tiempo con ella. Zep nos volvió a contagiar con su energía y nos alegramos mucho de verla. Pasamos con ella unos días porque ponía rumbo a Colombia tres días después. Antigua fue un soplo de aire fresco porque sentía que no había salido del circuito gringo-turístico desde que llegué a Guatemala y tenía la sensación de que Guatemala era un país sin identidad y del que no había conocido nada más que monumentos y naturaleza. Ninguna interacción con la gente local y ni rastro de algo que me dijese "Guatemala es esto".

Allí tomamos un tour al volcán Acatenango. Un volcán de cerca de 4000m desde el que se pueden ver erupciones de un volcán activo próximo a éste. Subimos durante todo el día. El grupo era bastante grande y se iba separando porque había gente que caminaba rápido y gente que no. Teníamos dos guías, Melvin y Mauro, que subían unas dos veces por semana y nos contaban muchas anécdotas por ser los únicos hispanohablantes del grupo. Antes del atardecer llegamos al campamento base después de unas sies horas de subida y montamos las tiendas mientras los guías buscaban leña para hacer fuego. Conforme pasaba la noche pudimos ver varias pequeñas erupciones del volcán de Fuego. Era la primera vez que veía lava en directo y me hizo mucha ilusion ver ese naranja tan cercano al rojo. La gente se iba yendo a dormir y los guías cada vez estaban más borrachos y empezaron a contarme sus historias de desamor y de sus situaciones límite en la montaña. Eran jóvenes y bajitos. Me fui a dormir el último un poco decepcionado por no haber visto una gran erupción del volcán. Nos levantaron a las 4 de la mañana para subir a la cumbre a ver el amanecer. Después de más de una hora llegamos y la sensación fue increíble. El cansancio mezclado con la satisfacción de llegar unidos a un amanecer rarísimo y precioso debajo de las nubes hizo que casi se me saltaran las lágrimas. A pesar del frío y el viento (No os hacéis una idea del frío que hace en lo alto) dimos la vuelta al crater y vimos las cruces de seis personas que murieron hace unos meses en ese mismo volcán. Luego los guías nos mostraron unos agujeros de donde sale calor. Pusimos unas piedras dentro y tras dos o tres minutos teniamos una forma muy placentera de calentarnos las manos. Bajamos deslizándonos por la gravilla y lo que había sido una subida de más de una hora se hizo en menos de 15 minutos durante la cual el volcán pegó un petardazo que sonó como diez relámpagos. De día es muy difícil ver la lava, pero el humo que desprendía fue igualmente impresionante aunque visualmente un poco menos estético. La bajada fue dura para mí porque después de tanto tiempo la suela de mis zapatillas se estaba empezando a borrar y me resbalé cómicamente hasta cuatro veces. Al bajar levantaba mucho polvo y era bonito ver cómo revelaba los rayos de sol que se colaban entre las plantas. Me he puesto un poco poético aquí jeje.

Ya estaba empezando a reconciliarme con Guatemala. Al día siguiente fuimos a Chimaltenango a conocer a Atún, un indígena amigo de mi primo Pol (un asiduo de este blog). Llegó una hora tarde pero muy tranquilo y resacoso (de cruda). Nos llevó a conocer a Maximón, una especie de santo al que le ofrecen alcohol y tabaco. Luego nos llevó a comer una tostada de buche (estómago de cerdo) a una taberna muy auténtica donde sonaba música banda en una jukebox. Pregunté a Atún por la verdadera identidad de Guatemala y me contó que la riqueza de Guatemala son toda la diversidad de pueblos indígenas que tiene y que en realidad el sur de México se parece más a Guatemala que el norte. Guatemala es el epicentro de la cultura maya y cuentan con una gran cantidad de lenguas, tradiciones, cultivos... que la obstinada necesidad de unificación de occidente está haciendo desaparecer poco a poco.

Y bueno, esto es todo lo que pasó en Guatemala, bueno, no todo, pero ando leyendo a Kerouac y el estilo del blog se ve afectado por esa sensación de no hay tiempo que perder jajajaja.

Tuesday, March 28, 2017

Caye to happiness

Debo entradas de Mazunte, San Cristóbal, Mérida y Bacalar, pero prefiero escribir sobre Cayo Caulker mientras el recuerdo está fresco y la pátina de la memoria aún no se ha posado... Jajajaja la pátina de la memoria, eh? Me pongo ridculamente poético y tomo el camino de la reflexión. Empiezo a hablar de la memoria y me olvido de lo que iba a contar. ¡Qué paradójico! Hablaré del olvido para recordar... Jajajajaja me viene otro acceso para no empezar con lo cronológico, con el noticiero, con lo prosaico.

Me despido de México y tomo un bus de Bacalar (recomendable 100%) a Belice City donde tomar un ferry a Cayo Caulker. A mitad de camino el bus se detiene para cruzar la frontera donde hay que pagar el equivalente a 25€ por salir del país. Una aduana muy relajada que presagia que el país no es precisamente estresante. En Belice City tomamos el ferry. Nada más salir vemos una columna de humo a pocos metros del puerto. Luego nos enteraremos de que la tienda se ha quedado. En un capricho del azar vemos cómo al llegar a nuestro destino una columna similar asciende a pocos metros. Esta vez vemos mucha agitación y una cadena humana de unos cien metros que lleva y trae cubos de agua del mar a la casa. Alguien grita que se necesitan más manos y nos quitamos la mochila para ayudar hasta que alguien grita que ya está y toda la cadena humana se dispersa en un aplauso hasta que la cosa vuelve a agitarse porque el fuego se ha reavivado y se vuelve a formar la cadena. Así hasta tres veces. Todo muy bonito. La multitud interracial colaborando para ayudar a un desconocido.

Terminada la buena acción del día ponemos rumbo al hostel regentado por una señora muy gorda llamada Gloria. El hotel es un microcosmos de gente de paso donde cada día se configuran grupos que en breve se disolverán. Edwin, un rastafari blanco de familia guatemalteca nos enseña la habitación que compartimos con dos alemanes y una italiana. Cumplida su función nos ofrece marihuana y cocaína que rechazamos a la vez que enlazamos el negocio sumergido con el modico precio del hostel. En seguida hacemos buenas migas con Sara, la chica italiana, que está enfadada porque Brandon, un rastafari negro con el que tuvo un idilio hace unos días ahora se pasea por el hotel con otra chica mientras Gloria chapurrea en castellano que Sara tiene cuernos alternando los cometarios con una risa de estas que comienzan con un grito. Las bromas a Sara se sucederán durante toda la estancia y ésta las soporta estoicamente. Nos cuenta que está atrapada en la isla y que lleva ya dos semanas en ella. También nos propone ir al día siguiente a bucear en un tour organizado. Nuestra política de sí a todos los planes nos obliga a acceder. Salimos a cenar y se nos unen dos chicas chilenas que ya llevan allí un par de días. La pandilla está formada y damos una vuelta de reconocimiento por la isla pero volvemos pronto al hostel porque el tour es temprano. Empezamos a echar de menos la comida mexicana y sus precios. Acabamos comiendo chop suey en un chino con el que nos cuesta comunicarnos.

El lenguaje en Belice es un asunto serio. El idioma oficial es el inglés, de hecho en los dólares beliceños aparece la Reina de Inglaterra, pero se escucha una variante que es el criollo, que por explicarlo de algún modo suena como un rapero ragga.  Además casi todo el mundo habla o chapurrea el castellano por la inmigración proveniente de Centroamérica.

Me despierta un concierto de pájaros, que una de la chilenas denominará como pájaros culiaos, y nos dirigimos al barco donde pasaremos el día. La primera parada es para ver tortugas y mantas rayas. Aquí he de puntualizar que no suelo ser muy amigo de estas actividades y que no las haría si no me dejase llevar por gente más activa que yo, y como suele pasar acabo muy agradecido de que así sea, porque ver una tortuga marina del tamaño de un niño gordo de 8 años pasar a tu lado es muy impresionante. Ver un animal tan alienígena como la manta raya pasar bajo tus pies es también una sensación destacable. La segunda parada genera otro tipo de sensaciones. Un tipo de la tripulación empieza a tirsr trozos de pescado al agua generando agitación y te repente unas aletas dorsales emergen y sí, son tiburones. Varios tiburones que aseguran inofensivos, pero tiburones. Esta vez tirarme al agua me da más respeto, no miedo, pero respeto sí, porque... tiburones sabes? En fin que los tiburones estaban a lo suyo rodeados de un montón de peces que no parecían tener ningún respeto ni interés por el ser humano. La tercera inmersión es para ver los corales y peces del arrecife, un poco menos impresionante pero interesante. Vemos una morena y dos barracudas. Al subir nos sirven ceviche y rum punch y el ambiente se torna más festivo. Cuando parecía que la observación de fauna submarina había terminado alguien divisa algunas aletas dorsales más, esta vez de delfines.

Por la tarde vamos a ver el atardecer a un muelle. La suerte de la isla es que puedes ver cómo amanece y atardece en el mar. El resto del día y del día siguiente lo pasamos los cinco juntos. En menos de 24 horas ya eres íntimo de una gente de la que te vas a separar en otras 24 horas. La despedida de las chilenas ha sido de las más sentidas en lo que va de viaje y la italiana ha decidido viajar con nosotros harta de las bromas acerca de que está embarazada de un rastita.

Los juegos de palabras que tanto me gustan están presentes por toda la isla. Tomando un helado un tipo en bicicleta me grita algo que suena como "Aiscrim yuscrim" que descifro como "Ice cream, you scream". Me doy cuenta de lo difícil que es explicar juegos de palabras en otro idioma así que me limitaré a enumerarlos. En seguida me pongo juguetón y empiezo a desear Belices fiestas a la gente, a ver aviones de bélice, etc. Veo pasar una lancha en la que hay pintado Caye to happiness y esbozo una sonrisa​ de complicidad conmigo mismo que me hace pensar en… complicidad conmigo mismo? Pero qué es esto? Venga a mirar por la ventana el belicioso paisaje.



Saturday, March 18, 2017

Trabajo acumulado

Es cierto que llevo muchos días sin escribir aquí y me preguntó por qué. De momento lo achaco a una desconexión con el lugar de origen. No se trata de una desconexión consciente, sino de algo que entiendo como un proceso natural de quién viaja durante un tiempo largo. Intentaré explicarme.

Los primeros días intentaba escribirlo todo de forma que quien leyese esto, incluido yo en el futuro, pudiese seguir paso a paso todo lo que me sucedía. De modo progresivo se da un cúmulo de hechos que te hacen dejar de escribir. Sientes que si escribes todo dejas de hacer otras cosas. Piensas en para quién escribes y cada vez es más borroso ese público al que hace ya dos meses que no ves.

El otro motivo es la costumbre de la mirada. Ya no eres un viajero recién salido de su país maravillado por cualquier suceso. Ahora tu rutina es viajar y eso se convierte en tu día a día. Y sigues visitando sitios increíbles, pero de alguna forma eso se ha convertido en rutinario, y cuando lo maravilloso se convierte en anécdota es el momento de parar, desacostumbrarte y cambiar la perspectiva.

Por coherencia narrativa continuaré por donde me quedé la última vez que escribí por aquí. Llegué a Oaxaca con Ribe desde ciudad de México. Nos hospedamos en un hostel donde conocimos a una chica belga que nos acompañó un par de días. Su viaje estaba terminando porque se había dado cuenta de que estaba enamorada de un chico en su Bélgica natal y había decidido volver e intentarlo con él.

En Oaxaca comí tlayudas, quesillo y mole. Visité Hierve el agua unas formaciones calizas que dan la sensación de cascada congelada donde te puedes bañar. También visité la iglesia de Santo Domingo de Guzmán donde tuve lo más parecido a un Stendhal que he tenido dentro de un templo religioso. Pensé en la necesidad de sentir a través de los demás, en tantas cosas que contar y tantas cosas que enseñar.

Estuve cerca de comer chapulines (saltamontes) que venden como snack en el mercado, pero decidí vivir con el hecho de que los únicos insectos que he ingerido en mi vida han sido de forma involuntaria cuando algún mosquito ha entrado en mi boca por ir a alta velocidad como Jim Carrey en Yo, yo mismo e Irene.

Mientras hacíamos tiempo para ir a Mazunte, pasó algo que cada vez me parece más frecuente en esto de viajar. Se dio la casualidad de encontrarnos con una chica suiza que conocimos en Real de Catorce. Según parece hay un río invisible del que es bastante difícil salir y que arrastra por los mismos sitios a gente con intereses similares. Esto propicia que encontrarte a alguien que conociste mil kilómetros atrás no sea tan raro como parece. Algunos lo llaman circuito mochilero y rara vez se remonta.

Por último decir que la luna aquí crece bastante horizontal, lo cual le da una forma de sonrisa ligeramente ladeada y guasona y cuando se esconde detrás del horizonte se pone de un color rojizo sandía muy interesante.

Thursday, March 2, 2017

Deriva 1

Una vez liberado de las tareas cronísticas sigo con ganas de escribir ahora más libre, ya no tengo que contarle a nadie el viaje, ya no tengo que frustrarme por mis problemas de recopilación cronológica. Ya he soltado esas cadenas que solo con leerme me imponéis. Ya estoy en paz. Ya tenéis lo que queríais y ya puedo escribir sobre la presión misma que supone escribir el blog. Sobre la necesidad de contar lo vivido. Sobre la obligación de obtener un producto de lo aprendido. Sobre el happiness only real when shared. Sobre la forma en la que muta el estilo dependiendo de la persona o personas que piense que puedan estar leyendo. Y de cómo tener en cuenta a varios lectores me lleva a un bloqueo raro, porque hay algunos a los que quiero hacer reir y saco al payaso, hay otros a los que quiero impresionar y saco al erudito, a otros simplemente les quiero contar el viaje y saco al cronista. Hay muchos más que aún no he identificado, otros a los que escondo a voluntad y algunos que solo aparecen cuando la inspiración es grande. Todos estos alter egos conforman lo que aquí se escribe y yo solo soy un tipo que pone orden mientras dependiendo del estado de ánimo uno toma fuerza sobre los demas y consigue que lo que quiere decir llegue al blog.

Solo copio lo que en mi cabeza ya está escrito. Solo copio lo que me susurra uno de estos señores. Pero tranquilos, esto solo es una forma de explicarlo, no estoy enfermo ni padezco de ningún tipo de demencia. Este que acaba de hablar es el pacificador. El típico que sale a hablar con el vecino cuando llama a tu puerta diciendo que bajes la música de la fiesta. Este tipo aburrido que lleva el control en muchas ocasiones. Posiblemente lleva vestido de piloto y le cae bien a su suegra.

Tengo pendiente una entrada de los porqués de viajar y voy escribiéndola mentalmente todos los días. Dialogando mentalmente. Haciéndome preguntas y respuestas sobre la utilidad de los pies. La utilidad de viajar. La utilidad de lo inútil y la inutilidad de lo supuestamente útil. Qué deslavazado todo.

Friday, February 24, 2017

CD Mix 9

Empiezo a escribir sin saber muy bien qué voy a decir, o de qué voy a hablar, pero simplemente empezar suele ser la mejor forma de hacer algo. "Comer y rascar todo es empezar" dice la versión light del refrán. Por circustancias del azar acabo de perder los cuatro párrafos que llevaba escritos sobre mi estancia en Ciudad de México o CDMX, que ya no se llama DF, y soy muy reacio a escribir otra vez lo mismo, así que si no tenía ideas para escribir ahora no tengo ni si quiera la motivación, ¡Oh cielos!, así que perdón de antemano por lo que pueda salir de esto, porque llevo 5 horas en un bus y me empieza a picar el sobaco. El desodorante me ha abandonado literalmente, no lo encuentro por ningún lado y las toallitas se me están acabando. Sí, lo sé, debería comprar, pero ya me conocéis.

En CDMX muy bien. No me han atracado ni una sola vez ni me han robado nada. No sé si es debido a que he llevado bastante cuidado, o que mi apariencia cada vez es más mexicana y peligrosa... puede que lo del desodorante tenga que ver. He escuchado teorías acerca de que la alimentación te cambia el PH de la piel y el olor corporal. He sido muy feliz comiendo rico y barato en cualquier esquina. He ido a las pirámides de Teotihuacán. He ido al museo de antropología. He ido a ver obras de Diego Rivera y Frida Kahlo. He ido a un musical rollo Hoy no me puedo levantar llamado Mentiras en el que actuaba Pablo Puyol, el de UPA Dance. He ido al gimnasio. He tomado mezcal.
He entendido un poco mejor cómo funciona el caos Mexicano. Aun así he decidido no profundizar demasiado ni explorar los lugares que no me inspiraban seguridad. He visto mucha venta ambulante, mucha mendicidad, he visto dos hogueras en la carretera, he ido en el metro, he visto el contraste de clases que en esta ciudad se vuelve más extremo.

Lo que más me ha llamado la atención es la mentalidad del mexicano trabajador. Se tiene la concepción de que quien está en la miseria es porque quiere y no se esfuerza. Una mentalidad muy estadounidense que parece estar cada vez más arraigada y que en mi opinión agrava la desigualdad. Pero quién soy yo para decirles lo que tienen que hacer. Quién soy yo para decirles que conserven su identidad y no tomen una prestada.

Un concepto que he aprendido es el malinchismo. La Malinche fue la traductora y amante de Hernán Cortés que traicionó a los indígenas. Pues me han comentado que el mexicano tiende al malinchismo en el sentido de que trata mejor al extranjero que al propio mexicano. Una versión chilanga de bienvenido Mr Marshall. Todos odian a Trump pero quieren que las propinas de los gringos sigan llenando sus bolsillos. Strange but legit.
Ribe y yo nos hemos alojado en casa de Fer y Blanca y sus dos hijas. Una vez más les hemos hecho tortilla de patatas y salmorejo y una vez más han pensado que el salmorejo es la salsa de la tortilla sin atender a razones cuando les explicábamos que eran dos platos distintos. Una vez más nos han tratado mejor de lo que merecemos.

Poco más que decir por hoy en este blog. En este bebé con uñas de porcelana. En este pobre intento de captura de miles de sensaciones, de ser un embudo de experiencias del que salen letras desordenadas. Esta deriva absurda que es una sinécdoque del propio viaje. Esta... Cállese.










Sunday, February 19, 2017

Mi primer cuatromil

De toda la vida siempre he sido más de playa que de montaña. Probablemente se deba a que he pasado el 100% de mis veranos en la costa tostándome al sol y jugando al futbol playa en bañador. Ahora viajo con Ribe, que se crió en la Seu d'Urgell rodeado de montañas y claro, hay que hacer concesiones y explorar cómo es eso de subir montañas para luego bajarlas. Algo que así a priori parece absurdo, pero a lo mejor no lo es tanto. Seguid leyendo. Jajajaja, vaya mierda de cebo.

Después de vistiar Gunajuato, San Miguel de Allende y Querétaro nuestra próxima parada natural en esta deriva situacionista era México DF, pero notábamos que no nos apetecía demasiado, como si el cuerpo nos pidiese naturaleza. Algo sorprendente a un urbanita como yo... estoy cambiando. Así que después de una breve investigación descubrimos que cerca se encuentra El nevado de Toluca con una altura cercana a los 4500 metros. En este punto he de decir que la máxima altura que mi cuerpo ha soportado ha sido La Cresta del Gallo en Murcia que no creo que supere los mil metros. Esto lo cuento para teñir con un poco más de épica la gesta que hoy se ha acometido y cometido. No sé si soy el murciano que más alto ha estado del mundo, de hecho no sé si soy el murciano que más lejos está de Murcia en este momento, tengo que mirarlo, pero aquí no tengo cobertura y mucho menos internet.

Voy a pasar a relatar la bravura por la que pasaré a la historia, o no.

Llegamos en el autobús a Toluca y después de preguntar nos dicen que tenemos que ir a un pueblo que se llama Raíces que cuenta con unos quinientos habitantes entre los que no, no se encuentra Kunta Kinte. Casi nos pasamos de la parada de Raíces porque en el bus estaban poniendo, dando, haciendo, una magnífica película llamada The ugly truth con un magnifico doblaje mexicano en la que un guaperas daba lecciones de cómo tratar a las mujeres. Absorto como estaba en la trama no me doy cuenta de que es posible que ya hayamos llegado. Los otros pasajeros hablan una lengua indígena que obviamente no conozco y me aventuro a preguntar con la esperanza de que alguno de ellos hable mi idioma. En efecto, el pueblo que acabamos de pasar es Raíces y suplicamos al conductor que se detenga y nos deje bajar por la gloria de su madre. El hombre, tranquilo, nos abre la puerta sin entender a qué viene tanto alboroto. Ponemos rumbo al parque natural de Toluca con la mochila grande, es decir, a un paso bastante lento, hasta que unos chilangos (naturales de México DF) se apiadan de nuestras almas y nos dan un ride (paseo acercatorio) en su van (furgoneta). Perdón por la jerga, pero dentro de poco haré un diccionario de supervivencia en México. Llegamos al lugar donde dos señores nos ofrecen alojamiento en una posada vacía por unos 7 euros la noche. Nos encienden el fuego en una chimenea central y nos abandonan a nuestra suerte sin electricidad, agua caliente, cobertura y con unas camas que tienen siete cobijas (mantas) cada una. La posada es muy creepy. Tiene muchas habitaciones, una cocina sin ningún tipo de utensilio, una barra de bar también vacía, una virgen en la entrada con una vela encendida y decoración navideña y sí, estamos solos con la única compañía del fuego. De repente llaman a la puerta y decidimos abrir y son dos simpáticos chicos de Oaxaca que han venido sin mucha idea de lo que habí aquí y han decidido quedarse en la posada con nosotros. Compartimos unas cervezas y unos chupitos de tequila que nos regalaron en Aguascalientes. Nos damos las buenas noches y nos vamos a dormir. Esto no tiene mucho interés, pero últimamente tengo como una estúpida necesidad de rigor que no me deja resumir demasiado cuando narro hechos.

Nos levantamos temprano y desayunamos un café de sobre en borella de plástico con agua caliente que sabe a metal acompañado de unas galletas muy ricas. Los otros chicos duermen. Nosotros nos ponemos en marcha. Comenzamos el camino en dirección a la montaña y todo en orden los primeros cinco minutos. Transcurrido ese tiempo de travesía comienzo a notar los tambores de Jumanji en mi estómago y le digo a ribe que tengo que parar. Me escondo un poco en un acto de decencia absurda porque por allí no pasaba nadie y me pongo de cuclillas agarrado a un pino en lo que he venido a denominar la postura pole dance y apaciguo las llamadas de la naturaleza de forma definitiva. Seguimos caminando por un caminito bastante suave siguiendo las indicaciones que nos dieron. Pero nosotros somos muy nuestros y después de caminar un rato decidimos tomar un atajo. Comenzamos a subir y a subir en dirección a un pico que tiene nieve. Hay un caminito que se torna resbaladizo y empiezo a notar algo que creía una leyenda de alpinistas: La altura. La altura es algo que te deja KO sin que te des cuenta. De repente das unos pasos y empiezas a azorarte y a respirar rápido y tienes que parar. Luego sigues otro poco y lo mismo. Le pregunto a Ribe si ha traído oxígeno y me ha dicho que se lo ha dejado en la otra chaqueta. Seguimos escalando y escalando, cada vez la pendiente es más pronunciada y me alegro de ver basura, porque pienso que alguien ha pasado por ahí antes. Es una sensación rara que ya he tenido pero con mierda de caballo. Si hay restos es porque ha pasado gente por aquí. De vez en cuando miramos a la cima y vemos las nubes pasar muy rápidas sin tocar la montaña. Así como con respeto. Un consejo. Cuando las nubes se mueven rápidas es porque hace mucho viento, con el que nos topamos al llegar a la cima. Un viento como un caballo cuando sopla huracanado que dificulta tomarnos el selfie de rigor. Sorprendidos vemos cómo la montaña que hemos subido es un volcán y en su cráter tiene dos preciosos lagunas, La del sol y la de la luna. La temperatura no invita a bañarse, pero los humanos parece hacernos muy felices encontrar agua en abundancia, así que decidimos bajar por el cráter para tocarla. Al principio la bajada es muy técnica y vamos sobre seguro, pero llega un momento en que comenzamos a deslizarnos por las piedras hacia abajo, esquí de pobres. El viento es tan fuerte y tengo tanto frío que apenas consigo disfrutar de la vista, así que hago unas fotos para disfrutar luego, tarea tambien difícil porque no me siento mucho las manos. Es bastante impresionante caminar sobre algo que alguna vez ha sido roca líquida en erupción. Ahora que lo pienso, todo el planeta lo ha sido en algún momento... bueno, no hagáis caso a esto, pero estar en el cráter de un volcán con un laguito en medio es de lo más impresionante del viaje hasta ahora.

Decidimos rodear el lago y nos encontramos a los dos chilangos que conocimos anoche. Van con ropa de calle y no parecen haber sufrido ningún tipo de desventura para llegar al mismo sitio que nosotros. Nos comentan que han subido en coche. Llevan zapatos y ropa de calle. Yo estoy demacrado del esfuero y de la altura. Después de unos cuantos selfies más decidimos bajar también caminando. Unas cuantas horas más y ya llegamos a la posada del resplandor donde caigo fulminado con dolor de cabeza y frío. Aunque me veáis sonreir en las fotos no lo he pasado bien, pero ha merecido la pena. Es broma, sí lo he pasado bien. Me he sentido muy cabra y empiezo a entender por qué la gente se juega la vida para subir montañas. Es muy impresionante bajar, mirar atrás y ver el monstruo que acabas de subir con charquitos de nieve en la cima.

Ahora vuelvo a estar aquí al lado de la chimenea, sin cobertura. Me he tomado un paracetamol para el dolor de cabeza y hemos cenado/comido unos tacos en un bar al que se le va la luz cuando se les acaba la gasolina. La conclusión de todo esto es que el viaje parece pedir más naturaleza y menos ciudades. Subir montañas es muy guay, pero muy sacrificado. Me duele todo pero me duele bien. Voy a echar otro tronco que se apaga el fuego. El fuego nos esclaviza. Perdón, es la altura.







Monday, February 13, 2017

Desasosiego viajero

Hace unos días que me encuentro intranquilo, inquieto, desasosegado y ando en busca y captura de la causa de esta sensación y creo que he dado con ella.

Después de un mes de viaje, cada día consiste en pensar qué visitar, visitar, buscar dónde dormir, planificar el siguiente destino, hacer cuentas de gastos, escribir mails a posibles alojadores, buscar wifi, un enchufe para cargar el móvil, un lugar donde comer que sea rico y barato, visitar museos, monumentos, subir montañas, conocer gente, tomar una cerveza con ellos... En definitiva actividades que permiten seguir adelante y aprovechar al máximo el viaje. De la mayoría de estas actividades suelo apuntar ideas que desarrollar,  referencias que investigar, artistas sobre los que quiero saber más, libros que leer...

En definitiva el viaje es como un proceso de siembra en el que no encuentro el momento de recoger los frutos de lo que crece. Únicamente cuando estoy encerrado en un autobús encuentro el momento de cautiverio voluntario en el que no tengo que visitar nada ni nadie me va a pedir cuentas de lo que haga y es ahí donde me viene la inspiración y la pulsión creativa, donde la tierra se prepara para ser sembrada otra vez en la ciudad o pueblo donde me baje. Sin esto siento el viaje como una sobreproducción de alimento para el alma que no soy capaz de procesar.

Total, que el bus está llegando a San Miguel de Allende y una hora de bus es poco como para escribir una entrada decente, así que me centro en el metaviaje.